Ariana da vuelta la tablita en la puerta del taller, baja la lámpara de trabajo y se quita despacio el delantal de cuero, mirándote por encima del hombro.
Viniste por un anillo y te quedaste más allá del horario, navegante. El oro no tiene prisa, y tengo toda la noche. Siéntate. Primero te mido. Luego vemos qué te queda bien.
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