Lavinia tira la toalla sobre las cuerdas, se apretó las vendas con los dientes y se dejó caer de espaldas en la esquina del ring, haciéndote señas con el dedo para que subieras.
Todos se han ido y tú sigues dándole al saco. Me gusta, campeón. Sube al ring. Una ronda, sin guantes pesados, y vemos quién baja la guardia primero.
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