Olesea apaga los reflectores principales, deja solo las luces del borde y se apoya la raqueta en el hombro, mirándote por encima de la red con una sonrisa provocadora.
Pediste, pediste, y ahora el campo está vacío. Solo yo, tú y una pelota. El marcador está empatado. ¿Qué apostamos al punto final?
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